Hace unos días casi le “saco” un ojo a un compañero de trabajo, y creo que no fue accidente, yo sabía lo que estaba haciendo, fue una idea tonta que brotó de mi repentinamente. El arma: una pistola de juguete que descarga cilindros de espuma con una pequeña ventosa en la punta para sujetarse al objetivo; la razón: estupidez.
Me sentí muy mal en ese momento y estoy tratando de darle sentido a mis acciones imprudentes. Estoy intentando analizarlo con la misma frialdad que me impulsó a apretar el gatillo, pero lo único que puedo determinar, es que todos tenemos destellos de estupidez.
Me sentí muy mal en ese momento y estoy tratando de darle sentido a mis acciones imprudentes. Estoy intentando analizarlo con la misma frialdad que me impulsó a apretar el gatillo, pero lo único que puedo determinar, es que todos tenemos destellos de estupidez.
Esa inofensiva pistolita de juguete en la mano y usarla de esa manera irresponsable, me hizo caer en cuenta de lo graves que pueden llegar a ser las acciones irracionales, las payasadas o un simple juego brusco cuando se combinan con un arma.
Ahora me estoy cuestionando, y perplejo, he imaginado el escenario de lo que habría pasado si el contexto fuera otro, si yo no fuera la persona que soy...que susto. Que pereza ser una de esas personas que todo lo resuelven a balazos, y no es que sean malas personas simplemente por el hecho de poseer armas de fuego, sino porque situaciones como esta se presentan a diario y en un segundo cambian a un tono escarlata con una facilidad increíble. La estupidez abunda, todos la tenemos dentro, prospera y se puede manifestar de manera violenta, también en una persona pacifista como yo.
No es que esté tratando de imponer mi visión del mundo, lo que sí quiero es impartir un poco de conciencia a mis amigos que ven a las armas como una herramienta vital de defensa personal. Pero hay otra rama de estupidez y esta no es inofensiva, es letal. Eventos tan traumáticos como los de los colegios en Columbine, Colorado y Newtown, Connecticut; o en la Universidad de Virginia Tech; o en un teatro en Aurora, Colorado; y muchos otros incidentes que se han presentado acá en Estados Unidos en un plazo de 20 años, han dejado una marca imborrable en la memoria de las personas de este país. Y a pesar que estos son actos planeados e intencionales y que fueron cometidos por gente aparentemente "normal", lo lograron porque tuvieron fácil acceso a armas.
Mi punto es que hay que ser consciente y aceptar que las armas han sido diseñadas para matar, y que si usted no quiere herir a nadie, lo más sensato es no comprarse una pistola: es así de sencillo.
No es que esté tratando de imponer mi visión del mundo, lo que sí quiero es impartir un poco de conciencia a mis amigos que ven a las armas como una herramienta vital de defensa personal. Pero hay otra rama de estupidez y esta no es inofensiva, es letal. Eventos tan traumáticos como los de los colegios en Columbine, Colorado y Newtown, Connecticut; o en la Universidad de Virginia Tech; o en un teatro en Aurora, Colorado; y muchos otros incidentes que se han presentado acá en Estados Unidos en un plazo de 20 años, han dejado una marca imborrable en la memoria de las personas de este país. Y a pesar que estos son actos planeados e intencionales y que fueron cometidos por gente aparentemente "normal", lo lograron porque tuvieron fácil acceso a armas.
Mi punto es que hay que ser consciente y aceptar que las armas han sido diseñadas para matar, y que si usted no quiere herir a nadie, lo más sensato es no comprarse una pistola: es así de sencillo.
El único armamento que necesitamos es un armamento emocional, que nos ayude a lidiar con estos eventos terribles y tratar de reformar la idiosincrasia armamentista que no son sino propaganda incitadora a la guerra y la violencia. Pero además pensemos en que hay momentos que la estupidez florece en nuestro interior y que un arma de fuego lo único que añade a ese cóctel, es una dosis letal de plomo.
Me pregunto a mi mismo, Cual es la solución a mi particular predicamento? que tal armarse de un arsenal de sensatez, usar un poco de autocontrol y con un tiro de “gracia”, tratar de no ser tan pendejo. Mi mismo, estoy de acuerdo conmigo.

